Bares-Tabernas, Nou Barris

La Bodegueta d’en Miquel.- Nou Barris reloaded

Degustación en Nou BarrisDisfrutar del día en Nou Barris. Un barrio históricamente obrero, que ha conseguido con luchas vecinales su integración en la ciudad y en sus comodidades sin perder nunca el orgullo propio. Aquí saben de tapas, de cultura de bar. Las reuniones vecinales toman estos recintos para prolongarse y es muy difícil sentirse defraudado. La inmigración del s. XX portó diversas procedencias al barrio, que han sabido integrarse para erigir algo propio. Y  es aquí, entre bares de producto excelente y, seguramente, estética pretérita -de las que gustan a unos y escandalizan a otros, un bodeguero con experiencia ha cambiado. La Bodegueta d’en Miquel es una bodega -los parroquianos reconocen-, pero el jefe ha re-evolucionado el acompañamiento del vino. Sigue leyendo

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Restaurantes, Sarriá-Sant Gervasi

Les truites.- La tortilla rusa

Surtido de tortillasCinco participantes, una mesa, se discute el ganador. Todos han venido a jugar y descubrir, pero con motivaciones y anhelos diversos sin nada en común. Quizá sí: el lugar. Les Truites, un restaurante donde tendrían que vetar a cobardes, un restaurante de nueva localización y vieja estirpe con el huevo y la sartén como protagonistas, y la mente humana como límite. Sabores, olores, trampas y reconocimiento. De su cocina salen las mejores tortillas, dulces, saladas y caldosas, de pies de cerdo y de pescado y marisco, de ricotta y menta y de setas con salsa trufada. Tortillas a discreción con las que jugarse el premio. Participantes a la mesa, la casa ha dispuesto sobre plato grande la selección de porciones de tortillas del día. Es la gran tortilla rusa, el juego de la casa. Sigue leyendo

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Gracia, Restaurantes

Pepa Tomate.- La redvolución

Presentación exquisitaEspíritu, filosofía, ambición. Con una propuesta gastronómica reconocible en carta, divertida en plato y placentera en boca, Pepa Tomate aporta en rojo inteligible y pies en el suelo desde esquina de plaza guerrera de Gracia. Lo hace desde la modestia otorgada al ofrecer una cocina de aquí sin restricciones estúpidas, como embajador de la virtud local en un barrio de propuestas exóticas. Quim Marqués, alma del Suquet de l’Almirall, está detrás del proyecto, pero es su personal joven de camisetas con dorsal el que ha conseguido atraer y dinamizar a un público ya acostumbrado a navegar por Verdi entre croquetas orientales y enrollados nipones. La Gracia original revive en Pepa Tomate. Sigue leyendo

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Restaurantes, Sant Martí

La Cantina.- Donde Cobi se alimenta

Chico&Rita en el comedorJavier Mariscal erigió en uno de los múltiples complejos industriales que el Sant Martí histórico legó a la ciudad moderna un vivero de empresas acorde. Entre estudios de diseño, arquitectura o fotografía, ahora Palo Alto se esconde con jardines y tranquilidad, convertido en una especie de cueva donde sus trabajadores encuentran el punto de tranquilidad vetado extra muros, un espacio de creación en el que alimentan cuerpo y mente. De lo primero se encarga La Cantina, la vuelta de tuerca de un comedor de empresa, una nave sin letrero entre vegetación y huertos donde, por doce euros, y solo en horario de mediodía, las bulliciosas mentes de los clientes encuentran comprensión.
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Bares-Tabernas, Poble Sec

Celler Cal Marino.- Uno para todos

Estética de neobodegaPara los felices, para los modernos, para los amantes del vino, para los que no dejan de aprender, para los gastrónomos más avezados, para las chicas, para los del bar de siempre. Para todos. Cal Marino recibe de pie, sobre barrica y sin wifi, utilizando a ratos el inglés para socializar y explicar, siempre la mano para estrechar a amigos, conocidos aquí y al jefe, un genio de las relaciones sociales. Un ex vendedor que puede hacer esperar a diez personas para explicar a otro como demandas porqué te ofrece una cerveza Lambic tras comentarle tu odio acérrimo a la bebida de cebada. Y la acabarás pidiendo convencido. Es el Celler de Cal Marino. Neobodega, taberna, bar en mayúsculas. Todos para uno. Sigue leyendo

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Bares-Tabernas, Nou Barris

La Esquinica.- Lo bueno se hace esperar

Las pataticas bravicas de La EsquinicaEl buen hacer, el buen servir, la esencia, el gusto universal. La tapa venerada como centro gravitatorio. El ambiente y la decoración como símbolo de identidad. Pocos bares resumen tan claramente los principios básicos de la interacción gastronómico-social. Estamos en Nou Barris, cuna inmigratoria perenne, lugar de querencias adquiridas y respeto tradicional, otrora refugio de esa nueva Cataluña que forzó la inmigración interna; en el bar “La Esquinica”, casa de tapas mundial, expresión de la Barcelona más castiza y aragonesa, hogar de las consideradas -¿o no, Tomás?- mejores bravas de la ciudad.

Dirección: Paseo Fabra i Puig, 296
Precio medio: 10-15€. Bravicas, 3,6; choquicos, 5,2; calamares, 6,25; morrico frito, 3,35. Montaditos de toda clase, de 1 a 1,5€. Croquetas, 0,85€.
Imprescindible: Pedir bravas y discutir. ¿Tomás o Esquinica?
Horario: De martes a sábado, de 08.00 a 24.00h. Domingos, de 08.00 a 16.00h.02.00h.
Teléfono: 933 58 25 19
Web: La Esquinica

Según Cultibar

A pasárselo bienNació en los años 70 en el Turó de la Peira. La primera “Esquinica” fue un bar pequeño, un bar de barrio regentado por un turolense divertido que había venido años antes a hacer la mili a Barcelona. Se erigió sobre lo que antes era un bar andaluz de nombre “La Esquinita”, en el que José María Utrillas, “el maño” (todavía a bordo de la nave), trabajó y decidió cambiar una consonante para cambiarlo todo. Un cuarto de siglo de buen hacer siguió el bar, ganándose a la exigente parroquia de esta montañita de Nou Barris con un formato de bar de tapas en esquina angosta de dos calles hasta que la aluminosis comportó cambio de localización y ensanche de espacio. Desde 1997, “La Esquinica” cuenta con un local generoso en vía principal, con más personal y aumento de oferta, pero “con la misma sonrisa y tracto con los que empecé para vecinos ésta mi casa”.

Ahora, menos que antes dirán algunos, alberga una de los mejores bravas de Barcelona y una materia prima tapeística que se hace al momento, para que la espera que has sufrido haya valido la pena. Porque para entrar en “La Esquinica” se debe coger turno. Sí, como en los organismos oficiales. Démosle el título. Te habrán dicho que tienes para una hora y te habrán aconsejado qué hacer para matarla. Para los habituales, ya es tradición ir a por el número y volver a casa a ducharse. El sacrificio lo vale.

Producto aragonés“El 35”. Te toca. “La mesa bajo el mural, al fondo, a los pies del Torico”. Y allí te situarán, a ti y a tu grupo -porque ir sólo a esta templo de interacción es desaprovechado-, bajo una imagen sobre pared que refleja el “skyline” (¿puede tener Teruel “skyline”?) de la capital bajoaragonesa. A partir de ahí, cachirulos, “Pilaricas” y demás decoración aragonesa te susurran que aquí atienden bien. Coges la carta y sólo ves sufijos en -ico. “¿Qué pasa mañico?”, escuchas, y lo habrás entendido. Bravicas, choquicos, pimientos del Padrón, morrico frito o -te la habrán resaltado- longanizica de Aragón, “¡nuestra contribución!”.

Hora y media de risas, vistazos, curiosidades y buena tripa, y volverás a sonreír con la cuenta. Diez euros por persona con dos cervezas por cabeza y un par de copas de Cariñena (te habrás querido integrar). Darás la mano a tu camarero -a tu guía local- al salir, saludarás a la réplica del Torico presidiendo en barra (la venerada estatua de una de las mejores fiestas de España) y, cigarro en boca en la puerta, aconsejarás a un grupo que mira con desprecio a la pantalla del turno. “No lo pienses, lo bueno se hace esperar”.

La experiencia Cultibar

Llegamos con la idea de sentirnos en casa y salimos con las llaves. Recibimiento cálido, propio de aquellos locales con la suficiente personalidad para no verse influenciados por la característica manera de hacer del local barcelonés. Te avisa una fotografía del “Pastor de Andorra” sobre la barra. “El Serrat de las jotas”. Talante.

Afortunados, es José María el que nos ofrece la mesa. Nos hace sentir clientes sin perder de vista todo lo que acontece a su alrededor. Canto de tapas, palmada en la espalda y naturalidad maña. Combinación ideal para confiar en todo lo que estaba por llegar. Las bravas dan la campanada. Vino de la tierra. Felices. Nos vamos con un calendario de «La Pilarica» en el bolsillo. Aquel día, creímos más que nunca.

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Ciutat Vella, Locales, Restaurantes

Las Fernández.- De Ponferrada y ravaleras

Bodegón FernándezEsta es la Barcelona que gusta. Donde vienen y se integran, donde sienten como propio, donde convergen intereses. Barrio prohibido durante años, odiado por unos, aclamado por otros, el Raval siempre ha estado ahí, para demostrar el peso social del, o de lo, recién llegado a la ciudad. El canallismo que emanaba a mitad del siglo pasado no ha sido borrado el paso de las Olimpiadas y, aún con hoteles y tiendas bien, sigue siendo ese barrio donde puede pasar de todo, como que tres amenas hermanas del lejano León, quizá nos maten ante este generalismo de capital de procedencia, reinen en un restaurante con sonrisa y hagan guiños gastronómicos sobre plato a sus vecinos pakistaníes. “Un barrio. Una manera de vivir”.

Dirección: Carretes, 11
Precio medio: 25€. Papas «don’t preach», 6,80; cecina de León 6,90S; croquetas, 6,50; setas en ensalada, 10,90; tataky de salmón, 12,80; Burguer Premium al cordero Hal.al 10,90; Sartenazo de las Fer, 12€.
Imprescindible: Sobre mesa alta, pedir cecina, croquetas y una copa de vino del Bierzo. Salir y hablar con el Raval.
Horario: De martes a domingo, de 20.00 a 02.00h.
Teléfono: 93 443 20 43
Web: Las Fernández

Según Cultibar

Mejor reservarLas Fernández (Beatriz, Bibiana y Berta, las tres B) no es sólo un apellido o el nombre del bar. Las Fernández es una manera de integrarse en una ciudad y de aportar con alma. De rojo placentero, llevan diez años creando parroquia en el barrio desde un restaurante natural, donde ofrecen una cocina mediterránea y saludable, quizá castiza, siempre al día, con productos y platos de origen propio. Ellas son nacidas en Ponferrada, en el Bierzo, al oeste de León, cuna del botillo (que ofrecen por encargo, dada su complejidad) o de la mejor cecina, hogar de una gastronomía de marcado acento galeico dada su cercanía.

Fusión, adaptación, parroquia. Sin menú, tiran de una carta pensada siempre con sugerencias extras del día “para que nuestros queridos asiduos no se aburran”. Tienen mar y montaña, local y global, berciano y universal. De allí, pimientos asados del Bierzo con anchoas y parmesano, croquetas de cecina y pimiento caramelizado (una delicia especialidad de la casa), cecina de León o nido de pulpo a Feira. Ya del mundo, setas en ensalada al queso de Posada de Valdeón y nueces, ensalada de frutas de temporada con crema de yogur aromatizado o tataky de salmón con crema de remolacha y mozzarella fresca.

Como bonus track, el guiño al barrio y a sus habitantes: la Burguer Premium al cordero Hal.al, y la manera Fernández de entender un clásico: las papas «don’t preach», patatas al horno con aceite de rúcula y albahaca, “la brava del raval”. Para maridar, vino Mencía del Bierzo, cómo no. Gran tierra. Mejor adaptación.

Delicatessen FernándezRespiran humanismo y calidez en local, con larga barra para fieles adeptos, mesas altas para grupos y divertidos y media docena de mesas para degustar con calma esa selección de platos creados a pachas entre las bercianas y su cocinera local, de nombre Belén y gusto refinado. La calma en la degustación, aunque suficiente, es relativa, ya que sólo abren a partir de las 20.00h y en dos turnos de cena. “La gente lo sabe. No hay problemas. Y si alguien se queja de que el segundo turno es muy tarde, le recomiendo un par de sitios para tomar algo cerca de aquí», sonríe Berta. Eso es hacer barrio. El gintonic en barra final es obligado. Después, sales y redescubres el Raval, replanteándote prejuicios de adopción.

La experiencia Cultibar

El Raval nos recibe con la intriga y magia que le caracteriza. En la entrada, fumamos expectantes ante un viaje gastronómico con cabeza en Barcelona y corazón en León. Entre sonrisas cercanas, nos ofrecen un vino del Bierzo. Cualquier otra sugerencia en aquel lugar nos hubiera decepcionado profundamente.

Influenciados por la urbe en cuanto a decoración alternativa se refiere, el acento de Berta y su modus operandi nos confirman que los orígenes no se han perdido. La cocina se transforma en el mejor ejemplo de familiaridad cuando un comensal modifica el plato a su gusto entre unos fogones para todos los públicos. La jerarquía para ejercer este tipo de acciones se gana con el tiempo. Aquella noche empezamos a soñar con poder alcanzarla.

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Bares-Tabernas, Locales, Sant Martí

Bodega Sopena.- “Vino, vida, vici”

Bidones, barra y vinosCharla, bidón, brindis, vino, queso, vida. Bodegas pretéritas que reconfortan. Espacios de ocio que explican nuestro devenir, nuestra cultura como sociedad, gastronómica también. Bodega Sopena preside con este nombre la plaza del Mercado del Clot desde hace 40 años -con otro desde 1845-, surtiendo como bar y tienda el mejor vino y licor a los parroquianos de un barrio con existencia acreditada desde la Edad Media. Es vino a copas, surtido de Ibéricos para acompañar, vermut dominical e interacción impulsada por empático bodeguero de aspecto rocker. Es vida de bar.

Dirección: Clot, 55
Precio medio: Vinos a copas DO españolas, de 1,20 a 1,50€. Copa de vermut, 1,50€. Tabla de quesos, 5€. Jamón de Jabugo, 10€. Olivas, almejas o chipirones, de 1,50 a 2,50€. Vinos a granel, desde 1,70€ el litro.
Imprescindible: Tomar tonel con copa en mano. Ibéricos a discreción. Identificar al propietario. Pasar la tarde en el Clot.
Horario: De lunes a viernes, de 10.00 a 14.30h. y de 17.00h a 21.00h. Sábado, de 9.00 a 15.00h y de 18.00h a 21.00h. Domingo, de 10.00 a 15.00h.
Teléfono: 93 231 15 05

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En Sopena también se comeHasta siete variedades de vino a copa, todos jóvenes y de buena conservación, que no superan los 1,5€. Infinitas si optas por botella. Sopena es una bodega para hablar de vino. Con cuatro bidones en el interior y dos en el exterior, además de barra a la entrada para altos de codos, se respira pasión enológica. Maderas, tanques y cientos de botellas en derredor, pero la vista se te va a lo alto, donde una pizarra canta bondades y acompañamientos. Hablarás con él de ella. Se llama Ferran. Habrás ido para echar una copa y saldrás con una ración de queso o encurtidos saboreada (limitada pero adecuada oferta gastronómica) y más conocimiento vinícola para compartir. Es la gracia de Sopena. Te has convertido en parroquiano.

Hablarás del auge y buen hacer del vino catalán, de cómo se lo están trabajando en otras zonas de la península y te habrás reído cuando, tras palabras, tu amigo haya optado por una de las cervezas artesanas que Sopena también ofrece, por coherencia de local y público. La “Birra08”, por ejemplo, es una cerveza del Clot. Cliente, vecino, amigo. Forma parte del juego. Puntualmente, Ferran quiere empezar actividades divertidas con maridaje dirigido. Quizá lo haga con pulpo o carne sin tener cocina. Las alianzas que se consiguen hablando con la gente son ilimitadas. El poder del individuo amplificado en una bodega. Larga vida.

La experiencia Cultibar

Bodega viva sin restricciones en la puerta. Sentimos realidad, cercanía e historia. Personajes antagónicos compartiendo bidón. Caretas fuera hasta que el vino llega a su fin. Dicen que no hay mejor experiencia que el sentirte querido por ser uno mismo en estado puro. Aprovecha, aquí, la oportunidad es única.

Con copa de vino joven y plato de embutidos austero nos sentimos plenos. Las opciones que nos proporciona el privilegio de estar de pie nos hace olvidar la más cómoda de las sillas. El amplio repertorio de clientes nos lleva a la conclusión que cada visita será distinta. Sin «guest list» la ruleta gira sin límite. Todo al vino tinto, no va más.

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Bares-Tabernas, Sarriá-Sant Gervasi

Comaxurros.- El dulce tiene rival

Un local diáfanoNosotros también éramos de esos. Nos gustaba así, sabíamos cuándo degustarlo, dónde ir a buscarlo, y no entendíamos otro manera de reivindicarlo como la que existía. Pero las revoluciones, en la mejor o peor acepción de la palabra, empiezan en la mente de un loco -ídem- y pueden dar la vuelta a unos sentidos lastrados por la imperturbable memoria. Los churros eran dulces y cosa de domingos. ¿Por qué? Es harina, sal y agua, y la masa no tiene azúcar: posibilidades infinitas. De roquefort, sobrasada o de miel y queso gratinado. Dulces y salados, con sabor dentro y fuera, de mayor o menor tamaño, incluso servidos con mayonesa y salsa brava. Adiós a los malditos prejuicios.

Dirección: Muntaner, 562
Precio medio: Media docena de churros, 1,80€. Churritos bravos, 2,50€. Churros rellenos, 2€. Café, 30 céntimos.
Imprescindible: Antes de jugar, pedir media docena de churros y redescubrir tu infancia desde un bar.
Horario: De martes a sábado, de 08.00 a 13.00h y de 16.00 a 20.00h. Fines de semana, de 09.00 a 13.00h y de 17.30 a 20.00h.
Teléfono: 93 417 94 05
Web: Comaxurros

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Churros saladosEs un cambio de costumbres. Te gusta encontrar dónde y cómo se elabora el mejor gintonic, lo último en cocina nikkei y te vuelves loco con el sushi. Ahora lo harás con los churros. Dejarás que sean los niños los que los devoren cuando salgan del colegio y los más tradicionales los que lo sigan buscando un domingo por la mañana para alargar el desayuno. Irás, por ejemplo, un martes para abrir el hambre o un miércoles de cine pre-sesión. Y los degustarás sentado en una de sus cuatro mesas, entre dibujos modernos y ambiente cálido. Será un café, un zumo ecológico o el insuperable chocolate a la taza -aquí servido si quieres con nata montada hecha al momento para el mejor suizo- el que acompañará una ración pequeña de churros salados, quizá de parmesano, o de sobrasada, para que tu paladar descubra que el trampantojo existe.

Los mirarás, los tocarás -sin miedo a que ese aceite siempre molesto te lo impida- y optarás al final por charlar con estos churreros del siglo XXI para que te lo expliquen. Querían jugar. De familia pastelera y currículum gastronómico, Luis Estrada y Marc Muñoz pasaron años conociendo y entendiendo el producto. El uso correcto de almidón de las harinas y el aceite virgen extra de Priego de Córdoba para no transmitir excesiva potencia olivácea al churro. Salubridad y saber perfecto. Masa conseguida. En su culminación, en el juego de sabores, en su interior, en el topping está el valor añadido.

Churros con chocolateComaxurros es una churrería (no quieren llamarlo de otra manera) a dos niveles en la que degustar con descaro el churro gourmet en su versión dulce -sólos o rellenos de trufa, crema, frambuesa o fruta de la pasión- o en su versión salada, con gustos y sabores tanto dentro como fuera que pueden ir variando. En esta última versión, estarás tomando un postre con forma de churro, que culminarás con una ración de “churritos bravos”, pequeñas porciones con mayonesa y salsa brava. Tendrás conversación. Al salir, querrás tener un detalle con tu madre y pedirás una ración de los de toda la vida para llevar. O quizá optes por los lazos de chocolate, el chucho de crema o por el buñuelo de viento. Tradición y modernidad. Con cariño, los polos opuestos se atraen.

La experiencia Cultibar

Romper tradiciones. La asociación gastronómico-social nos planteaba un reto mayor. Un elemento tan aparentemente básico como el churro pretendía ganar protagonismo saliendo de su zona de confort. Comaxurros se convierte así en su laboratorio para experimentar, su primera salida sin hora de regreso marcada, su primer amor en el que los sentimientos fluyen libres gracias a la inexistencia de malas experiencias pasadas. En definitiva, encuentra su libertad.

El churro pasa a la mesa. Una pareja baja las escaleras bandeja tradicional en mano. El chocolate ya no les quema, el aceite ya no les mancha y las unidades pueden repartirse equitativamente sin aquellas papeletas que llevaban a la confusión. El concepto tradicional de domingo deja paso al de cualquier día de la semana. El mostrador nos brinda el espectáculo de los más arriesgados. Un cliente seguro pide 500 gramos de churros y de parmesano para llevar. Algo está cambiando, la decisión está en tus manos.

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella

Butifarring.- ¿Quién dijo fast food?

Butifarring i patates al caliuDe butifarra de pollo; de escalivada con pimientos, cebolla y berenjenas; de morcilla de tortilla de patatas, o de calçots. Todos bocadillos de pan cuidado y hechos a la brasa desde un horno de antaño en bonito local alojado a un paso de plaza Sant Jaume. De concepción take away, sorprende al entrar que la carta en pared cante en catalán. Pistas. Pedirás un bocadillo clásico para no jugártela y habrás entrado en el juego. Querrás otro sorprendido en interior para ir tirando y sus guarniciones harán que cojas taburete y preguntes. Butifarring, con chef en los fogones, quiere desmitificar la calidad del concepto bocadillo trabajando con sentido ese embutido fresco de carne picada de cerdo condimentada tan nuestro. Habrás, entonces, viajado a la masía de los abuelos y decidirás que las prisas de centro ciudad no son buenas. La calidad se disfruta en el formato que quieras. Sigue leyendo

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Bares-Tabernas, Eixample

Bodega 1900.- Jugar al 25%

Ventresca casera de atún confitada en salsa catalanaEs carbón, son confitados, conservas, esencia. Es producto. Es hablar desde la experiencia de una bodega centenaria, frente a mejillones y quesos manchegos mientras el camarero sugiere jugar con la grasa del jamón en un Tartine ibérico. Es disfrutar sin mantel y también en barra y en color y en blanco y negro de verdades y sorpresas de bar. De tradición y modernidad; de respeto; de firma Adriá. Porque el pequeño de la saga, el de los postres de elBulli, el mentor de los recién estrellados Tickets y 41º, también sabe hablar de antaño. Sigue leyendo

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella

Hard Rock Café.- They don’t call it Royal with cheese

Legendary burguerSu terraza abierta todo el año es un inconfundible de plaza Cataluña. La hemos visto siempre ahí, llena, y nos ha costado entrar por puros estereotipos. Ahora el turismo cede y puedes llegar al interior para descubrir que el Hard Rock Barcelona es mucho más que un sinónimo de turista. Hazlo, cruza la puerta, juega. Es un espectáculo visual y de servicio, un ambiente elegantemente estrellado que no enmascara un buen producto, trabajado al momento y con las herramientas adecuadas, un espacio de color para plantear una noche diferente, para cruzar el Atlántico en patines y aparcar el Mustang frente al dinner. Estás en Tennesse. Suena Elvis. El batido espera. Sigue leyendo

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