Bares-Tabernas, Cafés, Restaurantes

Salvemos el barril

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No entendemos la vida social sin terrazas, no entendemos la vida social sin barril. Dan vida, interactúan, te sirven de amigo y de excusa confidente. Son los complementos de los bares, nuestras amigas las terrazas y los barriles, justo los que van a desaparecer ahora con la nueva normativa del Ayuntamiento de Barcelona. Ésta restringe al máximo las condiciones para montar o mantener una terraza y directamente fulmina el uso del barril. Están condenados a desaparecer. Adiós interacción, adiós cultura, adiós socialización. Desde Cultibar nos preocupamos por las terrazas y particularmente por los barriles, sus amigos pobres. Ni eso nos dejarán. No estamos dispuestos, y hemos iniciado una campaña de recogida de firmas en change.org. Se trata de cultura. Si tocan a uno nos tocan a todos. #salvemoselbarril Sigue leyendo

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella, Locales, Restaurantes

Loa a la Puntualidad

Bidones y buen producto en el bar de La Puntual

Faltaban dos minutos para la hora de quedada y ella ya se había hecho fuerte en uno de los barriles que franquean la entrada de La Puntual. Esta bodega del Born lleva un año escaso abierta y había decidido conocerla. Ella y su grupo de salsa, con el que ha glorificado al lunes como día de asueto. Allí estaba, a las 19.58h, admirando el aspecto de bodega antigua que luce este bar de amor propio rodeado de externos, este hermano por parte de padre del mítico Xampanyet, este canto al buen producto que llevaba tiempo queriendo conocer.

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella

La Fresca, la abuela y el guiri

Como toda la vida en la BarcelonetaLa rutina era la habitual. A media tarde, Matilde quedaba con sus amigas y analizaban la vida. Llevaban haciéndolo 50 años. Hablaban de tiempos pasados, de los ’60, de los concurridos merenderos que los pescadores montaban cuando volvían del mar, de los Baños de San Miguel donde veían a barceloneses de bien jugando su ocio, de las comidas fastuosas que ocasionalmente disfrutaban en el antiguo Paseo Nacional, o de lo divertido que era acercarse a Las Ramblas para descubrir esa ciudad que el barrio poco intuía. Eran vecinas de la Barceloneta de toda la vida y la tarde del viernes era para ellas.

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Bares-Tabernas, Sant Martí

El Manolo.- Equilibrio entre siglos

El Manolo, estética actual, esencia eterna“Hay que acabar con la etiqueta de los barrios y disfrutar de la ciudad. Todos los lugares de la ciudad son igual de dignos”. Cambiamos la palabra “barrio” por “bar” y lo entendemos todo. Y sin cambiarla. Porque es una frase de Jose Maria Parrado, el hijo de Manolo, el que se crió entre las paredes de este bar, el que ahora se distingue entre los empresarios de la restauración en Barcelona al estar al frente de distinguidos locales como Cañete, La Dama o la terraza Fernández. Es la visión Manolo de las cosas. Indagamos en su local primigenio, el bar-restaurante, del que emana todo lo que conocemos ahora. El lugar para calentarse antes de ir a trabajar, el de comer entre agradables, el de comentar la jornada por la tarde o el de discutir de política entre callos y huevos estrellados por la noche. El que inició Manolo ahora hace 40 años en una esquina concurrida del barrio de la Verneda.

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Bares-Tabernas, Eixample

La Volátil.- Keep calm and drink wine

A beber jengibre

Confortable, minimalista, con larga barra de leyendas en pared y sobre plato y copa. Cuidado en estética y propuesta, nos vestimos con gafas de pasta sin graduar, camisa a cuadros, pantalones de pitillo y Converse desgastadas para captar la esencia del nuevo bar de vinos de Muntaner y hablar de sulfitos, slow food, sostenibilidad y de Kelly Kapowsky. Es la paradoja de lo actual. La propuesta para todos que sólo los elegidos probarán. El teórico “para todos los públicos” provoca un efecto “boomerang” que indirectamente lo convierte en selectivo, en especial. Un bar con fondo, de estética femenina -o moderna, valorable- y cocina tranquila y pensada, para neófitos ya iniciados. Barbas al viento, que empiece la fiesta.

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Ciutat Vella, Restaurantes

Pitarra Restaurant.- “Tants caps, tants barrets”

Comedor privado, despacho de PitarraEs la Barcelona del cap i pota, de la burguesía catalana, de los canelones y del catalán normalizado. Es la Barcelona del s. XIX en las cuatro paredes de un restaurante del Gótico – medalla de oro de la ciudad al mérito cívico- que rinde homenaje no por casualidad a una de las figuras del teatro catalán. En este número 56 de la calle Avinyó -calle con nombre de connotaciones picasianas y mujeres divertidas- ejerció de relojero durante años un intelectual de nombre Frederic Soler (Barcelona, 1839-1895). Allí en su tienda daba cuerdas a relojes y en su trastienda empezó a escribir algunas de las páginas más gloriosas del teatro en catalán. Fundador también del Teatro Romea, Pitarra -pseudónimo con el que fue conocido-, recibió y trató, creó para la posteridad y murió con todos los reconocimientos posibles, premios y obras que pueden contemplarse ahora en las paredes de la que fue su casa, ahora el restaurante Pitarra por obra y gracias de una familia de hosteleros. Los Roig ejercen en cocina, sala y gestión, prolongado sobre plato la magia cultural que el dramaturgo legó.

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella

El Guindilla.- Treinta y tantos

Mesa para compartir en El GuindillaEs esa edad en la que al término “joven” le sueles acompañar el adverbio “siempre”. Ya no eres púber, y comienzas a valorar cosas largamente inusitadas. Sigues queriendo la informalidad inherente de quien se asusta cuando le tratan de usted pero valoras y pagas un buen manjar en sitios en los que el tú mismo de los 90 no hubiera entrado. Esa edad en la que sigues bebiendo con amigos, hasta que llega la pareja y te recuerda que el hijo mutuo es cosa de dos. Sabes perfectamente lo que es un tartar, descartas locales por calidad y no por precio y dominas los palillos japoneses como una extensión de tus manos. Has madurado pero una parte de ti no ha cambiado, el alcohol esporádico (qué tiempos aquellos en los que nada afectaba) permanece indispensable y sigues sabiendo lo que es pasárselo bien entre gente y conversaciones de mote. Y es esa inevitable levedad del ser la que un local de La Barceloneta quiere postergar. Comerás calidad, pero tu canallismo estará a salvo. Local para los de treinta y tantos, los de treinta y pocos, los de treinta y muchos eternos. Para los jóvenes siempre.

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