Bares-Tabernas, Ciutat Vella

El Guindilla.- Treinta y tantos

Mesa para compartir en El GuindillaEs esa edad en la que al término “joven” le sueles acompañar el adverbio “siempre”. Ya no eres púber, y comienzas a valorar cosas largamente inusitadas. Sigues queriendo la informalidad inherente de quien se asusta cuando le tratan de usted pero valoras y pagas un buen manjar en sitios en los que el tú mismo de los 90 no hubiera entrado. Esa edad en la que sigues bebiendo con amigos, hasta que llega la pareja y te recuerda que el hijo mutuo es cosa de dos. Sabes perfectamente lo que es un tartar, descartas locales por calidad y no por precio y dominas los palillos japoneses como una extensión de tus manos. Has madurado pero una parte de ti no ha cambiado, el alcohol esporádico (qué tiempos aquellos en los que nada afectaba) permanece indispensable y sigues sabiendo lo que es pasárselo bien entre gente y conversaciones de mote. Y es esa inevitable levedad del ser la que un local de La Barceloneta quiere postergar. Comerás calidad, pero tu canallismo estará a salvo. Local para los de treinta y tantos, los de treinta y pocos, los de treinta y muchos eternos. Para los jóvenes siempre.

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Bares-Tabernas, Gracia

Vermutería Lou.- Parada y fonda

Huevos estrellados con jamón y foie LouSin carta, con producto, sin florituras. Una vermutería, una bodega de madera y desorden controlado, una vitrina que habla sóla y un premio a la mejor tapa de Barcelona. Un bar con terraza y sin velas, un bar de tapas, platos y raciones que varían según mercado, donde echar la primera sólo, quedar con amigos o encontrarte al diputado David Fernández departiendo en castellano. Un local que extraña a comercios hermanos por la zona “para crear una ruta donde tomar vermut y comer sin pretexto”, aduce su dueña. Lourdes Branco -portuguesa de nacimiento, barcelonesa de adopción- quería un bar y ha creado la entrada barística a Gracia desde el metro Joanic. Es la Vermuería Lou, parada y fonda.

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella

No es ella, es Moraima

Mónica, el alma de Moraima

“… Cuando quiero vivir, digo Moraima… Cuando quiero soñar, digo Moraima… Cuando quiero morir, no digo nada. Y me mata el silencio, de no decir Moraima…”. El poeta gallego Celso Emilio Ferreiro lo plasmó sobre papel y una joven emprendedora catalana le ha dado volumen y cuerpo en un local desnudo del Raval, una galería de arte con bar incorporado. Es arte en todas sus acepciones, es gastronomía, son historias sobre lienzo blanco. Pinturas, audiovisuales, Bloody Marys, cocas y ensaladas de producto forman el atrezzo. “La vida es sueño”. Soñemos en Moraima. Sigue leyendo

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Bares-Tabernas

Tonino Valiente.- De barras y estrellas

Tonino ValienteFue a Huesca a pasar un fin de semana y ya no volvió. Una mujer tuvo la “culpa” de que este badalonés de 35 años hiciera sus sueños realidad en la Comunidad vecina. Tras estudiar en la Escuela Hofmann de Barcelona y pasar por varios y lustrosos restaurantes, el de Artigas San Roque echó raíces en la capital altoaragonesa, apostó en la vida y salió ganando. De imagen rompedora, con tatuajes y pendientes y una cocina en miniatura aplaudida, las comparaciones con el enfant terrible de la cocina madrileña emergen. Sigue leyendo

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Bares-Tabernas, Gracia

La Barreta.- La dictadura del mercado

Horarios escogidos de barNo es un mercado legendario, ni tan famoso como otros en Gracia, pero hace que la vida en derredor siga su ritmo. “Casi ningún bar de la zona abre por las tardes. La calle sigue la pauta del mercado de la Estrella”. Lo dice Vane, una cocinera ex elBulli cansada de la alta cocina que regenta desde 2010 un pequeño bar a escasos metros del sol de calle. Es La Barreta, un bar de comidas, un bar donde el manido adjetivo “de comida de mercado” toma todo su sentido. Hace platos, sin menú ni carta. Adiós formalismos. Es la cocina de toda la vida. Sigue leyendo

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Bares-Tabernas, Ciutat Vella

Bar Pasajes.- Vagones de una vida

Pasajes, en unos antiguos PasajesComo las que deja su cerveza bien tirada en el vaso, el bar Pasajes es una muestra de las muecas de la historia de la ciudad. A finales del s. XIX y principios del XX, el Pasaje de las Manufacturas funcionaba como pequeño mercado, como antesala del de Santa Caterina, que el cliente atravesaba desde la fronteriza calle Trafalgar hasta la ya céntrica Sant Pere més Alt.
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