Bares-Tabernas, Nou Barris

La Esquinica.- Lo bueno se hace esperar

Las pataticas bravicas de La EsquinicaEl buen hacer, el buen servir, la esencia, el gusto universal. La tapa venerada como centro gravitatorio. El ambiente y la decoración como símbolo de identidad. Pocos bares resumen tan claramente los principios básicos de la interacción gastronómico-social. Estamos en Nou Barris, cuna inmigratoria perenne, lugar de querencias adquiridas y respeto tradicional, otrora refugio de esa nueva Cataluña que forzó la inmigración interna; en el bar “La Esquinica”, casa de tapas mundial, expresión de la Barcelona más castiza y aragonesa, hogar de las consideradas -¿o no, Tomás?- mejores bravas de la ciudad.

Dirección: Paseo Fabra i Puig, 296
Precio medio: 10-15€. Bravicas, 3,6; choquicos, 5,2; calamares, 6,25; morrico frito, 3,35. Montaditos de toda clase, de 1 a 1,5€. Croquetas, 0,85€.
Imprescindible: Pedir bravas y discutir. ¿Tomás o Esquinica?
Horario: De martes a sábado, de 08.00 a 24.00h. Domingos, de 08.00 a 16.00h.02.00h.
Teléfono: 933 58 25 19
Web: La Esquinica

Según Cultibar

A pasárselo bienNació en los años 70 en el Turó de la Peira. La primera “Esquinica” fue un bar pequeño, un bar de barrio regentado por un turolense divertido que había venido años antes a hacer la mili a Barcelona. Se erigió sobre lo que antes era un bar andaluz de nombre “La Esquinita”, en el que José María Utrillas, “el maño” (todavía a bordo de la nave), trabajó y decidió cambiar una consonante para cambiarlo todo. Un cuarto de siglo de buen hacer siguió el bar, ganándose a la exigente parroquia de esta montañita de Nou Barris con un formato de bar de tapas en esquina angosta de dos calles hasta que la aluminosis comportó cambio de localización y ensanche de espacio. Desde 1997, “La Esquinica” cuenta con un local generoso en vía principal, con más personal y aumento de oferta, pero “con la misma sonrisa y tracto con los que empecé para vecinos ésta mi casa”.

Ahora, menos que antes dirán algunos, alberga una de los mejores bravas de Barcelona y una materia prima tapeística que se hace al momento, para que la espera que has sufrido haya valido la pena. Porque para entrar en “La Esquinica” se debe coger turno. Sí, como en los organismos oficiales. Démosle el título. Te habrán dicho que tienes para una hora y te habrán aconsejado qué hacer para matarla. Para los habituales, ya es tradición ir a por el número y volver a casa a ducharse. El sacrificio lo vale.

Producto aragonés“El 35”. Te toca. “La mesa bajo el mural, al fondo, a los pies del Torico”. Y allí te situarán, a ti y a tu grupo -porque ir sólo a esta templo de interacción es desaprovechado-, bajo una imagen sobre pared que refleja el “skyline” (¿puede tener Teruel “skyline”?) de la capital bajoaragonesa. A partir de ahí, cachirulos, “Pilaricas” y demás decoración aragonesa te susurran que aquí atienden bien. Coges la carta y sólo ves sufijos en -ico. “¿Qué pasa mañico?”, escuchas, y lo habrás entendido. Bravicas, choquicos, pimientos del Padrón, morrico frito o -te la habrán resaltado- longanizica de Aragón, “¡nuestra contribución!”.

Hora y media de risas, vistazos, curiosidades y buena tripa, y volverás a sonreír con la cuenta. Diez euros por persona con dos cervezas por cabeza y un par de copas de Cariñena (te habrás querido integrar). Darás la mano a tu camarero -a tu guía local- al salir, saludarás a la réplica del Torico presidiendo en barra (la venerada estatua de una de las mejores fiestas de España) y, cigarro en boca en la puerta, aconsejarás a un grupo que mira con desprecio a la pantalla del turno. “No lo pienses, lo bueno se hace esperar”.

La experiencia Cultibar

Llegamos con la idea de sentirnos en casa y salimos con las llaves. Recibimiento cálido, propio de aquellos locales con la suficiente personalidad para no verse influenciados por la característica manera de hacer del local barcelonés. Te avisa una fotografía del “Pastor de Andorra” sobre la barra. “El Serrat de las jotas”. Talante.

Afortunados, es José María el que nos ofrece la mesa. Nos hace sentir clientes sin perder de vista todo lo que acontece a su alrededor. Canto de tapas, palmada en la espalda y naturalidad maña. Combinación ideal para confiar en todo lo que estaba por llegar. Las bravas dan la campanada. Vino de la tierra. Felices. Nos vamos con un calendario de “La Pilarica” en el bolsillo. Aquel día, creímos más que nunca.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Localización

Anuncios
Estándar
Bares-Tabernas, Locales, Sant Martí

Bodega Sopena.- “Vino, vida, vici”

Bidones, barra y vinosCharla, bidón, brindis, vino, queso, vida. Bodegas pretéritas que reconfortan. Espacios de ocio que explican nuestro devenir, nuestra cultura como sociedad, gastronómica también. Bodega Sopena preside con este nombre la plaza del Mercado del Clot desde hace 40 años -con otro desde 1845-, surtiendo como bar y tienda el mejor vino y licor a los parroquianos de un barrio con existencia acreditada desde la Edad Media. Es vino a copas, surtido de Ibéricos para acompañar, vermut dominical e interacción impulsada por empático bodeguero de aspecto rocker. Es vida de bar.

Dirección: Clot, 55
Precio medio: Vinos a copas DO españolas, de 1,20 a 1,50€. Copa de vermut, 1,50€. Tabla de quesos, 5€. Jamón de Jabugo, 10€. Olivas, almejas o chipirones, de 1,50 a 2,50€. Vinos a granel, desde 1,70€ el litro.
Imprescindible: Tomar tonel con copa en mano. Ibéricos a discreción. Identificar al propietario. Pasar la tarde en el Clot.
Horario: De lunes a viernes, de 10.00 a 14.30h. y de 17.00h a 21.00h. Sábado, de 9.00 a 15.00h y de 18.00h a 21.00h. Domingo, de 10.00 a 15.00h.
Teléfono: 93 231 15 05

Según Cultibar

En Sopena también se comeHasta siete variedades de vino a copa, todos jóvenes y de buena conservación, que no superan los 1,5€. Infinitas si optas por botella. Sopena es una bodega para hablar de vino. Con cuatro bidones en el interior y dos en el exterior, además de barra a la entrada para altos de codos, se respira pasión enológica. Maderas, tanques y cientos de botellas en derredor, pero la vista se te va a lo alto, donde una pizarra canta bondades y acompañamientos. Hablarás con él de ella. Se llama Ferran. Habrás ido para echar una copa y saldrás con una ración de queso o encurtidos saboreada (limitada pero adecuada oferta gastronómica) y más conocimiento vinícola para compartir. Es la gracia de Sopena. Te has convertido en parroquiano.

Hablarás del auge y buen hacer del vino catalán, de cómo se lo están trabajando en otras zonas de la península y te habrás reído cuando, tras palabras, tu amigo haya optado por una de las cervezas artesanas que Sopena también ofrece, por coherencia de local y público. La “Birra08”, por ejemplo, es una cerveza del Clot. Cliente, vecino, amigo. Forma parte del juego. Puntualmente, Ferran quiere empezar actividades divertidas con maridaje dirigido. Quizá lo haga con pulpo o carne sin tener cocina. Las alianzas que se consiguen hablando con la gente son ilimitadas. El poder del individuo amplificado en una bodega. Larga vida.

La experiencia Cultibar

Bodega viva sin restricciones en la puerta. Sentimos realidad, cercanía e historia. Personajes antagónicos compartiendo bidón. Caretas fuera hasta que el vino llega a su fin. Dicen que no hay mejor experiencia que el sentirte querido por ser uno mismo en estado puro. Aprovecha, aquí, la oportunidad es única.

Con copa de vino joven y plato de embutidos austero nos sentimos plenos. Las opciones que nos proporciona el privilegio de estar de pie nos hace olvidar la más cómoda de las sillas. El amplio repertorio de clientes nos lleva a la conclusión que cada visita será distinta. Sin “guest list” la ruleta gira sin límite. Todo al vino tinto, no va más.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Localización

Estándar
Ciutat Vella, Restaurantes

Bar Ángel.- Reciprocidad entre entendidos

Colores en el Bar AngelBarra larga, dos toneles y escasas mesas en altillo visto. Ladrillo, madera, cocina diminuta y pizarra para cantar verdades. Credenciales exiguas y nada llamativas para esconder verdades como puños. La gastronomía de Barcelona no ha encontrado lugar mejor para cantar virtudes en estado puro, levemente tratadas y servidas sin necesidad de artificios. Producto y conocimiento en estética de toda la vida para interacción con conocimiento. La Coca-Cola y las modernidades se quedan a la entrada. Ni su nombre es pretencioso. Bienvenidos a la Barcelona gastronómica real. Sigue leyendo

Estándar
Eixample, Restaurantes

La Taquería.- El mexicano de los mexicanos

Alambres con Nopal. Otros tacos excelentesNo debe escribirse con “j”. Este es un restaurante mexicano, con “x”, como ellos lo escriben, por autenticidad y compromiso. Habrá restaurantes mejicanos en Barcelona, varios, que importan cultura y reinventan para que snobs capitalinos presuman de sitio y conocimientos superficiales. Aquí esto no importa. Huyen de apariencias y convenciones. En La Taquería sirven -como llaman- “gastronomía callejera mexicana” directamente importada del país de los Aztecas, y lo hacen sin adaptación alguna, como se serviría en cualquier puesto del DF. Son esencialmente tacos al pastor de trompo, de arrachera, alambres, gringas, guecas y quesos fundidos, nopalitos asados, jalapeños y, para beber, micheladas, chelas (como llaman a la cerveza) Modelo y tequila y mezcal, mucho tequila y mezcal. Probarás, vivirás y sabrás. La clientela te dirá que estás en el sitio correcto. Esto es México, cabrones. Sigue leyendo

Estándar
Eixample, Restaurantes

Fermí Puig.- “La cocina catalana existe como concepto cultural, la española no”

fermío Puig, un cocinero que hablaDespués de coincidir con Adriá en elBulli y aprender en varios restaurantes, Fermí Puig (Granollers, 13 de enero de 1959) llegó al hotel Majestic de Barcelona donde puso en marcha el Drolma. Desde el 1995 y hasta el año 2003, Puig ejerció de executive chef del hotel y chef del Drolma simultáneamente. En 2008, se puso al frente también del Petit Comité. Valorado por sus colegas como un pedagogo de la profesión, querido y estimado allende Cataluña, Puig abre ahora su propio restaurante, con su nombre, donde promete estar “cinco días a la semana”. Sensato y dicharachero, el chef nos atiende antes del servicio para hablar de cultura, historia y actualidad gastronómica reafirmando posturas con argumentos sólidos. Para escuchar. Benditas charlas. Sigue leyendo

Estándar
Eixample, Locales, Restaurantes

Fastvínic.- Gastronomía entre panes

Bikini de rúcula en FastvínicTe cuestionas conceptos a priori obvios y los acabas matizando. Empecemos: Se autodenominan fast food pero predican el slow food. Elaboran alta gastronomía pero la presentan en formato bocadillo, que acompañan principalmente de vinos catalanes que te sirves tú mismo desde una divertida máquina que sólo va con tarjeta. Y te piden, finalmente, que seas tú el que recojas después tu bandeja y la recicles por partes en punto indicado. Es un juego elaborado donde la información es fundamental. Es Fastvínic, un restaurante ecosostenible -el primero de Cataluña- donde la globalización sólo tiene sentido en formato cliente, un local para reivindicar al mundo que nuestro manjar más popular, el bocadillo, no es territorio exclusivo de niño en patio de colegio.

Dirección: Diputació, 251
Precio medio: 15€. Bocadillos a partir de 3,90€. Ensaladas a 5 € y vinos por copa a partir de 2€.
Imprescindible: Personalizar la tarjeta de vinos e ir probando combinaciones de bocadillos y variedades. Encontrar y defender la tuya.
Horario: De lunes a sábado, de 12.00 a 24.00h.
Teléfono: 93 487 32 41
Web: Fastvínic

Según Cultibar

Todo es reciclableBocadillos -o esa gastronomía que dejan entre panes- de conejo guisado con alcaparras; de trucha de río, escarola e hinojo; de Roast Beef con mostaza y miel, de butifarra con níscalos o de perdiz en escabeche. Y ensaladas complementarias de cuscús de verduras y legumbres o de setas, cansalada y membrillo. Es la oferta básica de Fastvínic, oferta que pedirás sobre mostrador y panel luminoso cual fast food real, aunque acomodo dispar. De ambiente nórdico y resguardado, el local ofrece comodidad de restaurante para bocadillo, haciéndote replantear presupuestos sobre la comida rápida. Sergi de Meià, premio nacional 2009 al cocinero joven del año y chef inquieto al mano de la nave, lo explica: “¿Quién dijo que la comida rápida es mala? Se puede hacer alta gastronomía en tapa y también en bocadillo. La cuestión radica en cómo es el producto y en cómo se trata”.

Y ahí está el fuerte de Fastvínic. De Meià y su equipo son practicantes del slow food, esa tendencia en boga en Europa y medio mundo que llama a trabajar con productos locales de los que conoces procedencia, cultivo y maneras. “El pollo nos lo trae Ángel y Rafa desde Navàs; los tomates, María desde El Penedès… Les conozco y se cómo trabajan, incluso puedo variar propuestas por su consejo. No nos engañamos”. Su importancia se hace patente físicamente en el restaurante, donde se nos presentan con cuadro a la entrada y en carta, divertida y actual ésta, como todo ese continente en forma de “u” que respira ecologismo entre maderas, flores y formas cuadradas.

Bocadillo de alcachofas en FastvínicSi con los bocadillos hacen arte entre panes, con el vino han buscado la excelencia y la innovación en selección y servicio. Con una oferta limitada a caldos catalanes -por filosofía slow food-, hasta 24 variedades distintas son catables por copa, y tarjeta. Previo paga en caja, una banda magnética que tu llenarás de sueños permite que la copa pese con variedades locales, además de conservar en perfecto estado los preciados caldos de César Cánovas, el sumiller Vínic.

La tarjeta será tuya para recargar a gusto y jugar, cual recreo, con tu mejor fichaje para el titular que hoy tienes en bandeja. Porque Fastvínic abre todo el día, y la partida puede ser larga. Quizá un almuerzo con medio biquini de rúcula (pueden hacerse medios de todo) y Coca-Cola; un mediodía empresarial con una ensalada de tomates, una hamburguesa y un tinto Montsant; un after work distendido -la hora reina del bocadillo al fin y al cabo- a base de medio de pollo de Payés y un Priorat, o una cena informal pero con clase y amigos donde la tarjeta echará humo en variedades entre panes tradicionales -fuet o longaniza- o diferentes -pies de cerdo o kebab de cordero-. Por cierto, el informático de la empresa -vegano para más señas- también será invitado y con menú propio.

La experiencia Cultibar

El vino también es protagonista en FastvínicTener la oportunidad de sorprender y comer bien en 25 minutos no es tarea fácil. Nos lo prometieron y debían cumplir. En ambiente ecológico y cuidado, iniciamos el reto. Un pasillo de lo más didáctico nos guió hacia el panel luminoso repleto de opciones para empezar a jugar nuestra particular lucha contra el tiempo. Oferta amplia, original y local iluminada por la excelencia del vino. El tiempo pasaba y había que tomar decisiones rápidas y acertadas. Gracias al saber de la camarera, todo resultó más fácil.

Nervios en el original surtidor de vino. Dudas hacia una máquina maravillosa que nos hacia disfrutar de un primer sorbo imaginario. Siete minutos y ya situados en la mesa más jugosa, redonda, en la esquina. Empieza el ritual de compartir, opinar y caer en ese característico “termínatelo tú” tan social y a la vez tan duro si no es de corazón. Misión cumplida en tiempo y forma adecuados.

Todo es mejorable

Fastvínic tiene la certificación LEED Gold (liderazgo en diseño energético y medioambiental) y cumple con los parámetros fundamentales del slow food. Hace bocadillos Premium y los pretende maridar con vinos soberbios y económicamente ajustados. Sólo por innovar y abrir mentes, cero reproches.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Localización

Estándar
Ciutat Vella

Mercat Princesa.- Donde coinciden las divergencias

Sala de mesas en Mercat PrincesaEn pleno barrio de la Ribera, en la Barcelona más monumental, donde el collage de turistas y barceloneses divertidos se acentúa entre calles estrechas, un palacio del s. XIV de escaleras de piedra, ancianos arcos de punto redondo y lucernarios de otro tiempo ha logrado aglutinar placeres y presentar lo que se ha venido a llamar el primer showcooking multiestilo de Barcelona. No es un espectáculo teatral, aunque el marco lo tiene, es Mercat Princesa, un concepto de restauración moderna donde tú paseas cual mercado para adquirir y degustar posteriormente, y en el mismo espacio, delicatessen diferentes y ya elaboradas en formato tapa y a precio moderado. El placer de elegir. El placer de compartir. Sigue leyendo

Estándar