Bares-Tabernas, Eixample, Locales

Bar Calders.- Legado involuntario de escritor

Homenaje a Pere CaldersNeotaberna, bodega buscada, bar en mayúsculas. Café de padres, vino de interesantes, cóctel de excelsos, timbal de enamorados, bikini de grupos; vermouth por encima de todo. El Bar Calders rinde tributo a un catalán universal desde su óptica menos culta. O sí, porque esta bodega resume, aúna y actualiza los encantos taberneros de la Barcelona que vio crecer y disfrutar al Premio de Honor de las Letras Catalanas Pere Calders. Recordemos, aprendamos, disfrutemos.

Dirección: Parlament, 25
Precio medio: Ensaladas variadas desde 5,20 y platillos para compartir desde 4. Nachos, 7,50€. Copa del vino de la casa, 3,80€.
Imprescindible: Entrar y hablar. Saludar y sentarte en la terraza para, vino en mano, disfrutar de la vida en el bar.
Horario: De lunes a jueves, de 17:00 a 02:00h; viernes, de 17:00 a 02:30h; sábado, de 11:00 a 02:30h, y domingo, de 11:00 a 0:30h.
Teléfono: 933 29 93 49
Web: Bar Calders

Según Cultibar

Dibujante, escritor en mayúsculas, catalán ante todo. Pere Calders ha sido una de las grandes figuras de las letras catalanas, una persona que vivió y narró -a su forma- la agitada historia reciente del país, siendo un preso más en campos de refugiados franceses y un español más en el exilio mexicano, país al que llegó a amar como propio. Porque Pere Calders era catalán, así lo sentía, barcelonés para más señas, uno de los más célebres, al que la ciudad le debía un tributo que, por azar o capricho, ha llegado en forma de bar.

Claro y conciso, Bar Calders“Más que pensado, es un bar intuido”. Habla Marc Lamarca, propietario junto a su padre Ramón de este coqueto bar que liga de manera extraña y a la vez coherente la esencia de una bodega y la propuesta de un bistró moderno, a lo que se suma el tributo al escritor. “Queríamos montar un negocio y apareció este lugar. Era ideal. Dudamos con el nombre, pero somos catalanes y así se llamaba el pasaje (situado en el pasaje Pere Calders con Parlament)”. Fabes contades. La idea era la de un bar de toda la vida, del tipo que frecuentaba Marc en su época de estudiante de Periodismo. Juzguen ustedes. Apostamos a que el mismo Calders firmaría haber escrito cualquiera de sus obras mientras degusta un Priorat en esa terraza escondida.

Sin apenas variación impuesta por éxito, el Bar Calders luce como una bodega moderna de mármoles y baldosas típicas del Eixample, un bar barcelonés con estética andaluza donde almorzar, cañear, cenar y hasta tomar un excelente gintonic (desde 6€) en el fragor de un martes noche cualquiera en el que te sientes el más canalla. Con apenas 20 sitios dentro, el interior acoge e invita entre obras pictóricas del propio Ramón y libros del escritor con una carta vinícola cantada en paredes (desde 1,90€ la copa, destacando el propio de la casa, un Montsant elaborado en exclusiva) y una minuta gastronómica corta e inteligible, explicada y narrada en carta y con guiños al escritor. Por él, y su obligado exilio, destaca la apuesta por la comida mexicana con unos Nachos del Presidente Cárdenas de fama adquirida y salsa aparte, las quesadillas republicanas o las enchiladas verdes.

Sin fogones, la cocina del Calders hace maravillas y ejecuta ensaladas gustosas, platos con sello catalán y manos personalizadas (humus con garbanzos del Poble Sec, timbal de escalivada o ensaladilla casera), pizzas de todo tipo, y hasta platos internacionales para compartir que el viajado Ramón no ha querido olvidar. Remarcables por su éxito son las Bravas reinventadas en formato chip y tres salsas (3,90€) que ya han entrado a formar parte del circuito tapeístico actual. Pero el Calders es en esencia un bar de barrio, y estamos en Barcelona, por lo que el vermouth reina a mediodía junto a sus inseparables anchoas y hasta seis especies distintas de olivas (2,50€). Esencia pura. A partir de aquí, lo que quieras.

La experiencia Cultibar

Una de las mejores terrazas de BarcelonaDejamos prejuicios y especulaciones volubles en casa. Entramos en zona de moda. Menos mal; Calders no se rige por tendencias. A primera vista, nos llama especialmente la atención tanto la amplitud como la localización de la terraza. Situada en una calle sin salida, destinada a que todos los secretos en ella confesados queden mejor resguardados que nunca, estaremos tiempo.

El azar, siempre caprichoso y muy presente en este bar, nos reserva la mejor mesa para inmiscuirnos de lleno en el ambiente. El púbico es diverso pero no menos interesante. En la terraza están representados los clientes de toda la vida, las víctimas de los locales de moda de Barcelona, dos mujeres de mediana edad un tanto fuera de lugar y una brisa internacional que nos llama a poner a prueba nuestro “speaking”. En Calders la variedad suma, convirtiéndose en la peor de las pesadillas para los amantes de la catalogación.

Todo es mejorable

La calle Parlament se ha convertido en el nuevo filón barístico de la ciudad, y Calders lo intuyó. Oportunidad, suerte o buen hacer, este sello tradicional en zona de auge turístico innegable sólo hace bien a la ciudad. Los descendientes del escritor pueden estar agradecidos; allí donde no ha llegado la administración ha llegado el pueblo llano. Tributo merecido. Salut, company.

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