Bares-Tabernas, Ciutat Vella

La Vinateria del Call.- Prohibido pedir Coca-Cola

Para conversaciones adultasEsta es una historia de vida, de usos y costumbres, de crisis. Es la historia de una bodega escondida en el Gótico donde se sirve buscado vino a precio razonable para acompañar a un surtido de raciones idóneas. Una bodega con más de 30 años a sus espaldas en los que ha visto crecer esa manera de vivir y compartir a partir de una barra, de cambiar las maneras de consumo de vino, en los que ha servido a granel y por copas, y en los que ha evidenciado cómo esas sillas se hacían más internacionales y hablaban inglés ante el auge y caída de la demanda propia. Es la historia del restaurante de vinos más antiguo de Barcelona -como quieran entender el título-, la historia de La Vinateria del Call, una bodega veterana, una taberna gourmet en la que, por cierto, no se sirve Coca-Cola.

Dirección: Sant Domènec del Call, 9
Precio medio: 25€. Copas de vino, 2,50€. Surtido de quesos, embutidos o jamones y encinas, 18€.
Imprescindible: Con consejo de vino, compartir unas croquetas y buscar confidencias. La madame vendrá para ayudarte.
Horario: Todos los días de 19.30h a 01.00h. Reservas en dos turnos.
Teléfono: 933 026 092
Web: La Vinateria del Call

Según Cultibar

Barra divertida de Vinateria del CallAquí solo puedes tomar vino o dos tipos de cerveza: una artesanal catalana (Glops) -solo una- y otra sin alcohol. Nada de refrescos. Quien no quiera vino, agua y mosto. Ni modernismo esnob ni extravagancia de propietario: coherencia de local. “Nadie se sorprende que en McDonalds no tengan pulpo. Nos llamamos vinatería y servimos vino”. Habla Miguel García, el divertido propietario de este local escondido entre las calles de Sant Felip Neri mientras dirige la mirada a la mesa del fondo donde una pareja levanta el pulgar a modo de aprobación. “Comparten raciones y les he sugerido el vino. Les ha gustado”.

De eso se trata. De disfrutar compartiendo, y de interactuar con los camareros. “Explicamos, sugerimos, aconsejamos. Con nuestra complicidad, las citas acaban triunfando”, sonríe este antiguo trabajador de la viña mientras enseña el vino con el que los ha complacido. Es un Martinet Bru del Priorat, aunque podría haber optado por cualquier otro de una bodega generosa, con 150 referencias eminentemente catalanas y españolas que pueden pedirse por botella y algunas por copa, a 2,50€. Una vinatería para dejarse ir, con conocimiento pero sin pretensiones didácticas. “Aquí no maridamos. ¿Qué puede maridar con un pulpo, unos pescados ahumados y unas croquetas? Dejémonos de tonterías”. Filosofía de local.

Porque La Vinateria del Call no es un bar, ni un restaurante de plato. Es una bodega, en propuesta y decoración, pensada para disfrutar entre sorbos de una oferta gastronómica nada desdeñable. Son degustaciones de Ibéricos y embutidos con DNI especificado (catalana, 6€; jamón de Guijuelo, 16€, o morcón, 5,50€), raciones frías de clásicos nacionales (puerros, 6,50€; pastel de Cabracho, 11€, o ensalada de bacalao, 10,50€) y calientes que también servirán por media ración. “No queremos tirar comida. Antes aconsejamos por persona y cantidad”, y lo hace con nosotros ante un chorizo a la sidra (6,50€) que nos deja satisfechos. Guardamos fuerzas para el postre, “especialidad de la casa”. Sorprende en un entorno de madera y luz tenue bodeguera el énfasis puesto en los postres. “Soy goloso y lo transmito”. Nos convence. Todos en torno a los 5€, nos decantamos por el pastel de queso. Por esa obsesiva coherencia.

Con la copa de vino final, Miguel nos habla de su pulpo cocinado con pimentón de la Vega en olla de cobre que se hizo traer de Galicia. “Para la próxima, madame”. Agradece el piropo. La Vinateria del Call, antes que tal, fue una barra americana de gente alegre, y dicen que su madame sigue presente en el local. Quizá haya cambiado pechos y ligas. Su intención perdura.

La experiencia Cultibar

Surtido de croquetasEscasa luz para un local que irradia luminosidad por los cuatro costados. Decoración tradicional, excelente vino y oferta gastronómica en armonía nos cautivan desde el primer instante. Cliente solitario en barra con botella de vino para gozarla a su antojo sin control alguno. Señal de respeto, identidad y confianza. Un detalle de este calibre nos hizo desplegar una imaginaria alfombra roja.

La interacción entre clientes y personal nos deja anonadados. Puro ejemplo de gozar del protocolo de la gastronomía en su totalidad. Pareja en la mesa más cotizada del local, manos entrelazadas, vino, ración y noche aparentemente prometedora. Lección de inteligencia emocional de Miguel al servirles el postre adecuado durante la conversación final que definirá la velada. Prohibido pensar.

Todo es mejorable

Con escasas 50 plazas divididas en mesitas y recovecos, y una propuesta de disfrute sentado, encontrar sitio en esta vinatería puede resultar complicado, por lo que aconsejan reservar. Dificultad aceptada. Quizá reservemos la mesa del fondo, la que llama extrañamente Anfield Road, en honor al  estadio del Liverpool. “Si te sientas allí juegas en casa”. Tendrá su historia pero el nombre choca. La probaremos igualmente. Eso sí, solo abre de noche, a partir de las 19.30h. ¿Y el vermuth de mediodía? Nada, La Vinateria del Call es rincón nocturno, placer oculto de la Barcelona de siempre.

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