Entras y te encuentras. No tomarás el mejor gintonic de Barcelona -ni creo que te lo sirvan siquiera-, ni será el rincón idóneo para una cita amorosa. Tampoco lo pretende. Bodega Floren se define con nombre y apellido. Es un bar-bodega típico con la personalidad demandada, la que impone su propietario, Florencio Ibarra; un bar-bodega que entra por la vista y convence al estómago. Ejerce de vinoteca visual tras cruzar el umbral, con grandes toneles de vino presidiendo una barra surtida con los mejor de la tapería española y una decena de mesas simples desperdigadas por un único espacio central sin detalle alguno a la modernidad. La huye. Está en sus principios de bar tradicional y los sigue a rajatabla. Sigue leyendo